Sí
La suma de miles de "síes", puestos uno encima de otro a lo largo de los años, cada uno con su batalla, con su sangre, con su dolor, con su parto. Tan invisibles y silenciosos; una torre de "síes" no mencionados. Cimientos de una vida bien enterrados a los ojos curiosos.
Un sacerdote habla a un grupo de jóvenes. El tema es denso y la charla se hace larga, pero este cura habla desde el corazón. Alguien le escucha y, aunque no ha retenido ni la mitad de la información, reconoce algo, una palabra entre las palabras, pues a ese hombre se le veía la cruz, solo una pizca, si te fijabas. El joven ha sabido ver esta torre de "síes" pasados.
Y ha visto la locura y la ceguera que hay en todos ellos, cómo fueron lanzados al aire sin más motivo ni razón que por amor pues, ¿Cómo iba él a saber que tanto "sí" sería para alguien que no conoce, o que, seguramente, ni haya nacido en el momento en el que se pronunciaron? ¿Cómo saber que eran para dar hoy este mensaje secreto, para hablar de amor y gratuidad, sin que ni él mismo fuera consciente?
Son los "síes" que llevamos a nuestras espaldas los que nos permiten mirar de frente. Es la fe en ellos lo que esculpe la alegría en nuestros rostros. Inutilidad aparente, lo oculto no perdido, lo discreto no borrado, lo secreto no olvidado. El hombre agradecido.

